El otro día mientras combinaba con la línea E en Catedral (ese trayecto parece tener un efecto inspirador) estuve pensando en todo un post que jamás vio la luz. Todo comenzó cuando se me vino a la mente una escena de Rapido y Furioso Tokio Drift en la que están el protagonista Sean y su amigo Han charlando en la noche y empiezan a hablar de por qué estaban en Tokio. Para hacerla corta, Han dice algo como "Te acordás que en las películas todos los bandidos buscan ir a México? Bueno, éste es mi México...". Tenía ganas de irme a algún lugar donde nadie me conociera, nadie hiciera preguntas y pudiera estar en medio de uno de esos silencios que aturden. Ganas de patear el tablero y tener un poco de paz, de que todo pareciera en orden aunque sea por un rato, aunque sea de mentiritas.
Hoy en el mismo lugar pensé en eso y llegué a una conclusión: No importa cuán lejos vayas, tus fantasmas van con vos. Se los puede engañar por un tiempo, se los puede perder de vista, pero a la larga te encuentran. Y lo peor es que se te quedan mirándote a los ojos como esperando a ver qué hacemos con ellos. En algún momento, no queda otra que enfrentarlos, derrotarlos y seguir adelante. Aunque sea la salida más difícil. Aunque parezca imposible. Porque a veces, lo más difícil es lo más fácil.
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Siempre me resultó curiosa una cosa: Según el idioma inglés, usado principalmente por dos de los países más "proactivos" (cómo detesto esa palabra) de la segunda mitad del siglo XIX y el siglo XX como Inglaterra y Estados Unidos, nada es imposible excepto por una cosa: cambiar el pasado. Si uno se lo pone a pensar, cualquier cosa (por más loca que sea) tiene una probabilidad de ocurrencia en el presente o el futuro. Pero el pasado, a menos que tenga un De Lorean como el de Doc en Volver al Futuro, no puede ser cambiado. Pero al menos, podemos cambiar el presente y el futuro para intentar enmendarlo.
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