Tengo ganas de ir a algún lugar. Un lugar lejos, tranquilo. Un lugar donde poder barajarme y darme de nuevo. Despacio, con arte. Con la suavidad del terciopelo.
Un lugar no donde pensar, sino todo lo contrario: para no pensar. Para tirarte en el pasto, cerrar los ojos y dejar que pasen las horas.
Un lugar para purgar el alma, para matar dragones con un palito de helado. Un lugar donde ordenar las cosas, donde decidir qué se queda y qué se va. Porque hay cosas que hay que dejarlas ir, ya no sirven. Y el peligro es que, guardando esas cosas, no tengamos dónde poner lo que nos sirve, lo que nos importa. Y que esas cosas se terminen perdiendo.
El problema es que uno se encariña. Con las cosas, con la gente, con los lugares, con los recuerdos. La clave es saber qué dejar ir y cómo. Sobre todo, juntar el coraje y las ganas para hacer la limpieza.
Tengo para hacer una gran limpieza. Es por eso que necesito ir a algún lugar.
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1 comentarios:
Muy buena reflexion, Bae...
Hay que no pensar un buen rato, para decidir después, totalmente de acuerdo!
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