Americano: "Ahora lo que yo no entiendo es, si ustedes no tienen los huracanes, los terremotos que tenemos nosotros, por qué están tan mal?"
Pinti: "Nos fuimos a la mierda"
Americano: "Pero cómo se fueron a la mierda?
Pinti: "De a poco, uno se va a la mierda de a poco. Uno no se da cuenta, ojalá se diera cuenta. Un día te estás peinando y te quedás con un pelo en el peine, con dos, con tres, con cuatro y cuándo te querés acordar estás pelado..."
Muchas veces, cuando me bajo del carrousel del mundo, me siento en un sillón cómodo y pienso cómo uno llegó a dónde está, a esta mezcla de barro y espejos rojos, a esta mediocridad, a esta medianía de la que es tan difícil salir.
Y cada vez, las respuestas que me asaltan, las conclusiones a las que arribo luego de afanosas introspecciones, como un marino que llega a ese puerto tan ansiado, son distintas. No sé si producto de una evolución, de enmendar errores de análisis anteriores o incurrir en nuevos.
Cada vez, voy corriendo un poco más la línea de la responsabilidad. Primero, acusé a la suerte, un factor aleatorio al que no controlaba ni tenía muy en cuenta, pero que supuestamente estaba detrás mío, como esos Nº2 que siempre están limpiando el camino para el éxito de uno. La respuesta era sencilla: la estrella que me llevaba a los éxitos se había apagado. No impotaba qué hiciera, esta no se encendería hasta que fuera su voluntad, si es que volvía a hacerlo.
Luego, hace no mucho, encontré en las Ondas Kondatriev a un nuevo chivo expiatorio. La teoría decía que el comportamiento cíclico en subida y en bajada que Kondatriev encontró en los precios de los granos era extrapolable a cualquier ámbito de la vida. Así, luego de 7 años de bonanza, le seguían sus 7 años de crisis, para luego continuar el ciclo. Esta teoría explicaba bastante bien mi vida y representaba un ligero paso adelante con respecto a la explicación anterior, ya que ahora había la seguridad de que el ciclo terminaría y se volvería a la gloria.
Pero todas las explicaciones buscaban ocultar la verdad. Se negaba lo evidente, se callaba el secreto a voces: La principal explicación del fracaso es uno mismo.
No digo que la suerte no cumpla su papel. Hay veces, un golpe de suerte nos saca de un atolladero. Pero la suerte sirve como recurso, no como método. El principal recurso de uno debe ser uno mismo, su esfuerzo, su dedicación, su trabajo. Sin trabajo, no hay suerte que valga.
Este planteo abría otra pregunta: Cómo empezó todo? Cuándo empezó este proceso?
Cuando uno quiere llegar a algún lugar, busca un plano, traza un plan y lo ejecuta. Es decir, el cómo llegar es una decisión de uno y su responsabilidad. Si ese plan no resultó (se tardó demasiado, se hizo camino de más, etc), la culpa es de uno.
En la vida es parecido, pero con un agregado: uno parte de una posición inicial muchas veces aleatoria y hay muchas variable sque no puede controlar (dónde nacemos, nuestra educación, los demás, lo que sucede cons sus vidas, etc.). Pero a partir de ahi, estamos solos. Lo que hagamos, será consecuencia de nuestras desiciones. Algo así como el "Random Chess" que inventó Bobby Fischer: Uno no controla la posición inicial, pero el resultado final de la partida dependerá de las desiciones que tome el jugador.
Si me encuentro en esta posición, ha sido por mis desiciones. Sólo yo puedo dar vuelta la situación. Espero poder lograrlo.
Y cada vez, las respuestas que me asaltan, las conclusiones a las que arribo luego de afanosas introspecciones, como un marino que llega a ese puerto tan ansiado, son distintas. No sé si producto de una evolución, de enmendar errores de análisis anteriores o incurrir en nuevos.
Cada vez, voy corriendo un poco más la línea de la responsabilidad. Primero, acusé a la suerte, un factor aleatorio al que no controlaba ni tenía muy en cuenta, pero que supuestamente estaba detrás mío, como esos Nº2 que siempre están limpiando el camino para el éxito de uno. La respuesta era sencilla: la estrella que me llevaba a los éxitos se había apagado. No impotaba qué hiciera, esta no se encendería hasta que fuera su voluntad, si es que volvía a hacerlo.
Luego, hace no mucho, encontré en las Ondas Kondatriev a un nuevo chivo expiatorio. La teoría decía que el comportamiento cíclico en subida y en bajada que Kondatriev encontró en los precios de los granos era extrapolable a cualquier ámbito de la vida. Así, luego de 7 años de bonanza, le seguían sus 7 años de crisis, para luego continuar el ciclo. Esta teoría explicaba bastante bien mi vida y representaba un ligero paso adelante con respecto a la explicación anterior, ya que ahora había la seguridad de que el ciclo terminaría y se volvería a la gloria.
Pero todas las explicaciones buscaban ocultar la verdad. Se negaba lo evidente, se callaba el secreto a voces: La principal explicación del fracaso es uno mismo.
No digo que la suerte no cumpla su papel. Hay veces, un golpe de suerte nos saca de un atolladero. Pero la suerte sirve como recurso, no como método. El principal recurso de uno debe ser uno mismo, su esfuerzo, su dedicación, su trabajo. Sin trabajo, no hay suerte que valga.
Este planteo abría otra pregunta: Cómo empezó todo? Cuándo empezó este proceso?
Cuando uno quiere llegar a algún lugar, busca un plano, traza un plan y lo ejecuta. Es decir, el cómo llegar es una decisión de uno y su responsabilidad. Si ese plan no resultó (se tardó demasiado, se hizo camino de más, etc), la culpa es de uno.
En la vida es parecido, pero con un agregado: uno parte de una posición inicial muchas veces aleatoria y hay muchas variable sque no puede controlar (dónde nacemos, nuestra educación, los demás, lo que sucede cons sus vidas, etc.). Pero a partir de ahi, estamos solos. Lo que hagamos, será consecuencia de nuestras desiciones. Algo así como el "Random Chess" que inventó Bobby Fischer: Uno no controla la posición inicial, pero el resultado final de la partida dependerá de las desiciones que tome el jugador.
Si me encuentro en esta posición, ha sido por mis desiciones. Sólo yo puedo dar vuelta la situación. Espero poder lograrlo.


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